No soportamos a los hombres buenos. Cuando alguien es demasiado bueno, despierta sospechas, y si excede su bondad el límite de lo tolerable se le exilia al destierro de la Santidad. No soportamos la bondad en el medio de nuestras calles, en los circuitos de nuestras razones ni en nuestros vestíbulos. La bondad es algo que ha de estar afuera, en la marginalidad irracional de lo santo.
Lo santidad es un territorio inocuo, absurdo y risible. Los que por allí deambulan se vuelven inofensivos y se les escucha sin miedo, como si se escuchara a un niño que divaga y que puede llegar a decir, incluso, cosas sabias que a nadie le interesan salvo para regocijarse en la extrañeza bufa de quien las dice.
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Bondad
enero 1, 2011 por Raúl Sanz
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