Si toda la compleja biología se condensa en que queramos, literalmente, penetrar unos en otros, entonces pensamos: debe de haber algo más.
Donde decimos más, queremos decir distinto, pero no somos capaces de concebir otra cosa que la penetración. Así que nuestros mundos ideales son, al final, realidades más reales, más obtusas y más penetrantes.
Advertisement