Por encima de todo, la libertad. Y sobre esto no caben cinismos, aquí sobran las palabras.
La libertad es tierna y ciclópea, soporta el mundo firme e indiferente y está más allá de nuestras voraces piruetas de pulgas enloquecidas.
A la justicia la imaginan ciega. La libertad, sin embargo, todo lo ve, y cuando sientes su caricia, dan igual las verdades, las justicias, el placer o el sufrimiento, el amor o el desamor.
Se es libre y ya está.
Toda esta vida humana es una monstruosa conspiración contra esa luz, como si los seres libres, sólo por serlo, avergonzaran a quienes se enjaulan.
Bajo el manto de la libertad, todos los demás anhelos cesan, están colmados por un don que ya no los necesita porque los abarca absolutamente. La paz, la justicia, la fraternidad o la felicidad, todo se cumple sólo en libertad.
La libertad está más allá de cualquier partido; no es pensable desde ningún liberalismo, no es un medio ni un fin, sino una realidad inefable. La libertad no es apartarse, ni diferenciarse, ni apropiarse de nada, ni de espacios ni de bienes. El ser libre se siente en comunión, está dado al mundo, desnudo y ungido por el aire que todo lo recorre.
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Libertad
marzo 9, 2011 por Raúl Sanz
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